Antes que el cuerpo
yo no sé si es verdad
que el alma se enamora,
que el alma reconoce
aquellas promesas que se hicieron
sin palabras y hace siglos.
yo no sé si es verdad nada
de lo que dicen que es invisible
pero está en el mundo.
yo sólo sé que en tus ojos había algo familiar
desde el primer momento en que te vi,
que mi alma se sintió cercana a la tuya en
el primer abrazo y que la noche en que dormimos juntos
el cuerpo no era nada:
materia orgánica que rezumaba tristeza, materia inerte
en lo sentimental, un vacío hondo en el pecho al que nadie
querría asomarse nunca.
el cuerpo no era nada pero el tuyo se tumbó a mi lado con tanta
naturalidad que pareciera que lo hacía cada noche como
una costumbre bien arraigada entre nosotros
(tal vez así fue en otro tiempo)
recuerdo mirar tu rostro y maravillarme, recuerdo que dijiste
me quedaría aquí
y yo respondí quédate en voz baja y con el corazón atropellado.
nos quedamos a oscuras y en silencio.
tu brazo sostuvo algo más que mi cabeza:
sostuvo toda la fe que me quedaba dentro de las heridas y,
de nuevo,
una pequeña luz se prendía.
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